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En
esa maravillosa aventura que constituyen la maternidad y
la paternidad, asistimos con sorpresa, ilusión e inquietud
a la entrada en esa edad difusa que comienza con la preadolescencia
y lleva a nuestros hijos e hijas a convertirse en sujetos
cada vez menos dependientes de nosotros.
La
magia de la infancia. Un nuevo hijo llena de promesas
la vida de sus padres. No habla, no camina y vive sujeto
a servidumbres fisiológicas. Incapaz de aplazar la satisfacción
de sus necesidades, encuentra en sus padres un amor
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